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“No preguntes lo que tu país puede hacer por ti; pregúntate lo que tú puedes hacer por tu país”. Esta frase ya se ha convertido en mítica desde que el presidente estadounidense John Fitzgerald Kennedy la pronunciara en el año 1961 durante su discurso de investidura. Han pasado muchos años, sin embargo la esencia de muchas de nuestras responsabilidades a las que aludía el presidente, no han cambiado.


Y también desde entonces existen muchos hombres que de manera consciente o inconsciente se podría decir que han seguido este consejo al pie de la letra. Con acciones que no solo han ayudado a su país sino al mundo entero.


El paso de la máquina de escribir al procesador de texto tal y como lo conocemos hoy, es uno de los grandes saltos en la historia de la innovación de los últimos años del siglo XX. El descubrimiento de la penicilina por Alexander Fleming supuso un hito difícil de igualar en toda la historia de la medicina hasta hoy. La invención del primer coche a motor en los primeros años del siglo XX revolucionó no solo la historia de la automoción sino el modo de vida del ser humano.


Todos estos avances provocan una gran admiración y al mismo tiempo varias preguntas: ¿en qué punto nos encontramos ahora?; ¿hasta dónde somos capaces de llegar?; ¿cómo podemos seguir avanzando a nivel de toda la humanidad?


Hoy contamos con tecnologías extraordinariamente poderosas, que por fortuna nos acercan más al bienestar del ser humano. Porque de eso se trata. El mejor ejemplo son los avances en los campos de la medicina digital y la nanotecnología, que no hacen sino mejorar las condiciones de vida del planeta.


En esta línea actúa la Singularity University, el mejor ejemplo de todo lo anterior. Esta institución tiene como objetivo conseguir que la innovación y las nuevas tecnologías “impacten positivamente en billones de personas”, según reza su argumentario. E igualmente incentivar en los alumnos el deseo de resolver los grandes retos de la humanidad.


Abundando en la idea y en la misma línea, el ingeniero y físico del MITPeter Diamandis, afirma en su obra titulada “Abundancia”: “cuando pienso en crear abundancia no significa crear vida lujosa para cada habitante del planeta; se trata de crear una vida de lo posible. De tomar eso que es escaso y volverlo abundante (…). La escasez es contextual y la tecnología es una fuerza que libera recursos”. Y añade, “de modo similar, el avance de nuevas tecnologías transformadoras –sistemas computacionales, redes y sensores. Inteligencia artificial, robótica, biotecnología, bioinformática, impresión en 3D, nanotecnología, interfaces humanos-máquinas e ingeniería biomédica- pronto permitirá a la inmensa mayoría de la humanidad experimentar aquello a lo que solo los más ricos tienen acceso hoy en día. Y lo que es aún mejor: esas tecnologías no son los únicos agentes del cambio en marcha”.


Y nos acerca a este marco así: “el asunto es este: cuando los vemos a través de la lente de la tecnología, pocos recursos son realmente escasos; básicamente, son inaccesibles. Sin embargo, la amenaza de la escasez sigue dominando nuestra visión del mundo”.


Según Diamandis y teniendo en cuenta los avances a los que es capaz de llegar el ser humano, el hecho de la abundancia en cualquiera de sus variantes no tiene por qué suponer un problema. Es cuestión de saber aprovechar el potencial que nos ofrece y de dotar a lo abundante de las cualidades necesarias para que sea eficaz en lugar de gravoso.


Es una manera de comenzar a entender la tecnología no como algo árido sino como un amable compañero de piso con el que se convive.


Un buen ejemplo es el de Dean Kamen: cuando ideó su tecnología en forma de algo conocido como Slingshot, estaba llevando a la praxis ese tándem maravilloso de tecnología más desarrollo. Este artilugio del tamaño de una pequeña nevera es capaz de generar mil litros de agua potable al día de cualquier fuente: agua salada, contaminada, letrinas…, por menos de dos centavos el litro. Y usando la misma cantidad de energía que necesita una secadora. El mismo aparato es capaz de dotar de agua destilada a las máquinas de los tratamientos de diálisis. Tan interesante es el proyecto que una conocida multinacional de bebidas ya se ha fijado en él para realizar una inversión a gran escala en un futuro próximo.


Es el lado más amable de la innovación, el que produce unos beneficios más tangibles y el que otorga un mayor bienestar. Y sobre todo es el que todo el mundo puede entender; es lo que siempre significó la palabra avance; provocado casi siempre por alguien que una y mil veces se sintió insatisfecho y buscó algo que le faltaba. Alguien con creatividad capaz de generar soluciones y de implicarse emocionalmente en un proyecto. Eso también es talento. Y de ello hablaré en el siguiente post.